viernes, 24 de diciembre de 2010

En Navidad


Qué cerca la Navidad
está ya del alma mía,
como una llama prendía
para siempre disfrutar.

Que intensos son los colores,
que bonito, todo brilla,
que dulces esos olores
que se acercan a mi orilla.

Hay melodías graciosas,
y nostalgias e ilusión,
hay sorpresas, muchas cosas,
hay regalos y turrón.

Que cerca la Navidad
que de nuevo empiezo hoy,
¿no ves lo cerca que está?,
es parte de lo que soy,
y de tí...De los demás.

Los recuerdos que atesoro
de una caja musical,
de las bolas de cristal
para el árbol que decoro.

De los bombones y anís,
de canela y mazapán,
de las personas que amo,
que gracias a Dios están.

Es un milagro que al tiempo
adorna y hace brillar,
ya no le temo, sonrío,
gracias…¡Feliz Navidad!.


Feliz Navidad a todos, un abrazo muy sincero, cuidado con las carreteras...Y con los mazapanes y alfajores, no se me quejen después de esos kilitos de más que con tanta ligereza y alegría se cogen en éstas fiestas...Aunque sinceramente...No me imagino ni lo deseo, una hojaldrina "light".
Perdonen mis ausencias porque sigo muy perdido, apenas entro aquí, incluso estoy pensando en cerrar el blog.
No tengo mucho tiempo y entre el trabajo, la lentitud de la conexión (muchas veces pierdo 10 minutos nada mas que en abrir un blog, y sin pensar en que cuando entro me gusta mirarlo tranquila y detenidamente...), pero vivo en el campo y aquí la señal es la que llega...Y que no haya tormenta...JJ
Aún así gracias a todos sinceramente, os deseo lo mejor para éste año, sobre todo salud. Un gran abrazo en especial a mis queridas Marina, Ligia, Myriam ( de 40añera ), Alex y Sor Cecilia ( mi dulce monja de Paterna).
Me voy a tomar éste año como un maravilloso año en que se me han realizado los dos deseos que pedí la pasada nochevieja, éste año pediré otros dos, visto que en algún lugar se atendió mi petición, y lo agradezco mucho. Va a ser el último año que no celebro la Navidad como se debe ( en mi corazón siempre la he celebrado, no así físicamente), ya que también me voy a tomar éste año como un año de revelaciones, de verdades, y de no esconder lo que no se puede esconder, y no hablo de mí, que no me escondo ni me apetece de nada, pero a riesgo de lo que pueda pensar "algún lector" de que eso de airear las intimidades y tal en un blog....Yo no lo veo nada vulgar, y las cosas hay que aceptarlas como son.
EL AÑO QUE VIENE CELEBRARÉ LA NAVIDAD LEJOS DE MI PADRE, GRACIAS A DIOS, y ya no lo digo con pena, si no todo lo contrario. A casa ya no viene nadie por no verlo, y yo he pasado 31 años horribles a su lado ( viví fuera 4 años en los que ni me visitó ni me llamó ) aunque tuve que volver. Mi hermana ni siquiera gusta de subir muy a menudo, y hoy, dia 24, en que ha vuelto a comer a casa, con la recién noticia de su embarazo que todos celebramos, ha presenciado otro de los espectáculos e insultos de un sinverguenza a su propia familia.
Me siento muy liberado de poder exponer LA VERDAD, decir lo que siento y lo que sé, y de poder ser feliz porque no tengo problema que no sea él, y sólo cuando está cerca y hace pudrir hasta el sentimiento más hermoso, y el momento más feliz.
Lo dicho, ésta es una Navidad muy feliz para mí, porque es la última que voy a vivir sin celebrar, como Dios manda, sin mis tías y tíos, sin mi pareja, sin mis amigos, sin toda la gente que amo y que me ama, como debe de ser.
Gracias por soportar ésta insólita confesión, con que hoy me levanto.
Cuidaos mucho, cuidad de los demás, no escatimeis en besos y abrazos, en "te quieros", y en valorar todo lo que tenéis y disfrutar de ello...

sábado, 4 de diciembre de 2010

Muchacha muerta



Ay muchacha muerta!
sombra fantasmal,
baila, baila sóla
sobre el peñascal.

Ay muchacha loca
que se terminó!,
bailarás la madrugada
para el cazador.

Ay muchacha muerta!
baila en la cañada
que las lavanderas
se asustan por nada.

Ay muchacha presa
que por escapar
te quedaste eterna
sobre el peñascal...

¡Ay muchacha muerta!
baila, baila niña
por entre las piedras...

domingo, 21 de noviembre de 2010

La cruda realidad


En una línea que trazó mi mano,
se formaron las palabras que no quise pronunciar...
pero a pesar de todo, silencio vano,
se alzaron aun sin voz
para hacerme derrumbar.

No quise la verdad, aunque la supe cierta,
y allá, en mi escondite, protegido me creí;
pero es que en mi escondite
también había una puerta,
y abierta, un día la ví.

Entró el dolor cantando, y la verdad obviada,
y el tiempo ya perdido, riéndose de mí,
entraron la derrota, el llanto
y la esperanza, que apenas se asomaba
por miedo a lo que ví.

Aquel día tenebroso, real y verdadero,
se fueron mis sirenas, mis duendes y mis hadas,
qué sólo me sentí sin el consuelo
que daba el gran engaño
en el que me amparaba.

Hoy sin ninfas, ni centauros, sin dragones,
tengo el Sol, la Luna, la Tierra, tengo el Mar,
hoy tengo una verdad y un corazón, enormes dones,
que cierran mis heridas,
y aún... Puedo soñar.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Suspiros



A veces pienso en ti
Y se me escapa un suspiro,
Mis pupilas se dilatan
Y ya no sé nada más…

Que tristeza que me invade
Cuando te busco y no estás.

A veces te recuerdo
Y todo desaparece,
No me importa dónde estoy,
Todo es niebla y esperanza…

Que pena que a mi me da
que brazos no te alcanzan.

A veces te doy un beso
Que vuela el aire hacia ti,
Estás lejos y se cansa,
Y al final cae en el suelo…

Qué poco que dura un alma
con esa forma en el cielo.

Son suspiros lo que tengo,
Que nunca sé a dónde van,
Cuando salen de mi pecho…
Pero a tu lado no están.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

El duende que vestía de luto


Detrás de la casa donde vive la pequeña Lina hay un pilón con un grifo que gotea, porque Lina vive a las afueras del pueblo, justo casi donde comienza un bosque de hayas muy verdes que dan mucha sombra, también hay robles y, cerca de los arroyos, fresnos, y algunos madroños viejos y altos amontonados en puntos concretos.
Lina tiene 6 años y lo está aprendiendo todo, y una de las cosas que más le gusta hacer por la tarde, es acercarse al pilón con su muñeca y jugar allí, porque debajo del pilón crecen unas pequeñas flores blancas y otras azules, y algunas setas pequeñas y oscuras, crecen casi todo el año en la humedad de un sitio tan sombrío y fresco, y allí también hay leña y unas baldosas viejas, algunos ladrillos y un carrillo viejo, varias macetas vacías y amontonadas… Vamos, que es un sitio perfecto para jugar, lleno de desorden y muy bonito y fresco, y a los juguetes de Lina les encanta, sobre todo en verano.
Una vez, salió a jugar pasadas las ocho de la tarde, mientras en casa se acababa de preparar la cena, antes de oscurecer, y al volver la esquina de la parte trasera, se quedó un momento quieta con los ojos muy abiertos: Un diminuto hombrecito (recordaba al blanco y arrugado rostro de su abuela Inés, sólo que del color de la tierra oscura regada por la lluvia) recogía las flores de debajo del pilón.
Evitaba todas las blancas, solo las azules le atraían, y las iba ensartando en un hilo, una por una, que le rodeaba el cuello y le caía por la espalda. Apenas medía dos cuartas, medidas con una mano de papá, claro, que sus manos son muy muy pequeñas, iba vestido de negro, todo de negro, unos pequeños pantalones negros, una camisa negra suelta abajo y un pequeño pañuelito negro, atado atrás, una especie de zapatitos, como los suecos de mamá, del color de la madera vieja, parecían de madera, sí, y unas pequeñas cuerdas al cuello en varias vueltas de las que colgaba una especie de piedrecita azul, muy pequeña y muy brillante, recogía flores, y cantaba… Murmuraba una canción; Lina no sabía qué canción, no decía nada, era una musiquilla vieja que la animaba. Y su ropa le hacía pensar en sus abuelas, las dos.
Mamá -preguntó una vez a su madre-, ¿porqué la abuela Paca y la abuela Inés siempre están con ropa negra?, ¿no le gustan los colores?, ¿ni a las otras abuelas?, la abuela de Carlos también se viste igual y la de Adela….
Son las personas mayores, hija –le decía su madre- , son costumbres… Ya lo comprenderás más adelante, pero tú puedes vestirte de muchos colores y si quieres….
A partir de ahí la explicación quedó perdida en su infantil pensamiento y se imaginó a su abuela vestida de azul, o amarillo, o con un vestido blanco con flores verdes… ¿Porqué no?.
En ese momento su pupila se centró de nuevo bajo el pilón, y allí, el extraño hombrecillo, muy quieto, la estaba observando con un enorme gesto de sorpresa y consternación.
Soltó de golpe la flor que aún tenía en la mano y echó a correr hacia los árboles, a una velocidad que a la niña le recordó a los conejos que a veces sorprendía echados en el pasto cerca de casa, ¡cómo corrían!, imposible hacerse con un conejito así como así, ¡y nacen prácticamente ya corriendo!; y aunque corrió tras él, en unos metros sólo se detuvo dándose por vencida.
En la misma línea que separaba el bosque del valle que daba a la parte trasera de su casa, junto al tronco de un haya vieja se detuvo el pequeño duende ( porque Lina sabía perfectamente y sin lugar a dudas que era un duende, un gnomo, lógicamente, llevaría un gorro rojo), y la miró con los brazos colgando a los costados, las flores azules en una ristra enmarañada alrededor de su torso y los ojos grandes, tristes y vidriosos, la boquita medio abierta…
-¡Ven duendecillo!, ¿no vienes?, ¡¡que quiero preguntarte…..!!!
Y en ese momento en cuestión de apenas un segundo, saltó a las sombras del bosque y se perdió en ellas.
Claro está que Lina pensaba volver allí al día siguiente y al otro y así… A jugar de nuevo, y a ver qué había de aquel pequeño duende, tenía la esperanza de volver a verlo. También recordaba a su abuela Inés, vestida de negro, pasar por el camino delante de casa y detenerse al verla en el patio. ¡Abuela!- gritaba Lina mientras corría, -¿adónde vas?- su abuela iba, como no, de negro, y llevaba un ramo de flores en la mano, eran como unas margaritas grandes y violetas muy claritas salpicadas de cositas blancas y hojas finas y verdes. – Voy a llevarle esto a tu abuelo y a tu tía- decía su abuela, -cuando baje llego a casa, díselo a mamá-.
Dicho esto se alejaba, camino arriba, hasta donde llega el horizonte y una pared se levanta de la tierra llena de árboles oscuros con forma de lanzas que se elevaban desde la tapia hasta mucho más alto… mucho más alto… Pero a partir de ahí, Lina no pensaba más en eso, nunca había ido al lugar a donde lleva aquel camino, ahora pensaba en su duendecillo, vestido de negro, al que quería volver a ver sin falta al día siguiente. Estaba pero que muy ilusionada y contenta.

viernes, 29 de octubre de 2010

Humo y lluvia


Tus ojos son de humo y lluvia
y en ellos quiero descansar
con todo lo que siento,
tenderme en tu mirada
en éste mismo momento
y no despertar de éste sueño;
por nada.

Tus ojos son del humo de los sueños,
tus ojos son de lluvia inesperada,
mis ojos en los tuyos, cercanos y pequeños
reflejos son que crecen de la nada.

Tus ojos son sentir, y dentro el alma
da la mano y tira de ésta alma mía,
y siento esa presión que a mí me calma,
llenando de calores ésta noche fría.

Tus ojos son de humo y lluvia,
y el humo en tu mirada me adormece,
con la lluvia que contienen cuando miras
la hierba en mi coraza… Ama y crece.

martes, 26 de octubre de 2010

La otra cara de la Señorita Tess D´urbeville


Tess fue una chica que vivió a mediados del siglo XIX, ahorcada en Wessex siendo aún joven.
Su ejecución, (la de una muchacha joven y muy bella), publicada en los periódicos locales del Dorset (Inglaterra) animó al escritor inglés Thomas Hardy a investigar la historia de esa muchacha, que acabó con un triste y gran descubrimiento culminando así en su clásico “Tess D´urbeville”, junto con “Jude el oscuro” hacen sus dos novelas más famosas.
En los años 20 se adaptó esa novela en una película muda, y en 1998 en una especie de “telefilm” que se quedó muy atrás de la esencia de la historia. Fue Roman Polanski, quien en 1979 adaptó el libro a la pantalla en la película “Tess”, que obtuvo 6 nominaciones a los óscars (entre ellas, mejor película, banda sonora y director) y que se llevó 3: Mejor fotografía, vestuario y dirección artística. Sin contar con los premios que además obtuvo por toda Europa arrasando en los César franceses.
La película fue un regalo póstumo a su mujer, la actriz Sharon Tate, a quien conoció durante el rodaje de uno de sus primeros films, “El baile de los vampiros”. Su novela favorita era Tess D´urbeville, y le regaló un ejemplar a Polanski. Poco tiempo después, y embarazada de 8 meses, era asesinada y descuartizada por Charles Manson, uno de los más terribles asesinos de la historia del mundo moderno.
Tiempo después y exiliado por los motivos que todos conocen, asentado de nuevo en Francia, rodó el film “Tess” dedicado a su mujer, y supo sacar esa esencia triste y dulce de fatalidad que encierra esa novela, también mi favorita. Un cruce de destinos en donde una actriz asesinada, un escritor clásico, un director mitológico y maldito, y una campesina condenada a muerte tuvieron un encuentro en la vida, sin llegar a conocerse.

domingo, 24 de octubre de 2010

Tess


Voy a contar una historia real, una de las más bonitas y tristes que quizás he conocido en mi vida, de ella surgió un clásico de la literatura y otro del cine. Más adelante, en otra entrada, daré los datos de ésta historia. Ahora voy a hablar del lugar que anduvieron aquellos pasos, de los pastos que susurraron al contacto con una falda vieja, de las ilusiones que existieron en un corazón, de caminos, del crujido de un sueño roto, y de las verdades asesinas de una mujer atrapada en una época. Bajo el cielo que vio aquel destino seguimos estando también nosotros, es el mismo color, la misma distancia, iguales nubes, otra época…
Hay una muchacha muy bonita tendida bajo un árbol, al anochecer, en un bosque medio deshojado por el otoño, hace frío, la niebla comienza a levantarse, se prepara para dormir después de andar y andar, de trabajar, cavar la fría tierra de Inglaterra sacando patatas y remolachas para luego de un largo día de trabajo, calentar su cuerpo con algo de caldo y pan, va buscando algo, empieza a llorar tendida allí, y cubriéndose la cara con la mano, susurra: “Todo es vanidad”.
Quisiera poder encontrarla en el tiempo, darle la mano, guiarla y decirle que no es así, apoyarla en su lucha un poco más, lo justo para sobrevivir y escapar de aquello, lo justo para iluminarla con una sola esperanza, y cambiar su muerte por una vida primero. Quizá pensara que su lugar estaba más allá de las cancelas de un viejo cementerio, donde descansan los huesos de sus antepasados vigilados por cipreses y serios crucifijos de piedra y madera. Podría hacer saltar su vista con el pensamiento, más allá de las tapias de aquellos viejos cementerios que ya no existen; podría andar un poco con ella para que pudiese hablar y llorar, podría hacerla reír; podría compartir un solo sueño suyo y decirle lo valiosa que es. Podría regalarle un espejo y decirle que su bello reflejo no es un castigo, podría llevarle chocolate, darle con mis palabras un lugar a donde ir, un destino, regalarle la idea que no se le pudo ocurrir entre tantas tristezas, y asustar la soledad a nuestro paso por aquellos senderos pardos y durmientes. Podría decirle cómo se acaban por dejar atrás las malas rachas, como se aprende a vivir con una herida, cómo de dulce puede ser la vida nueva cuando se está dispuesto a continuar y encontrarla, qué es una violación y qué es recuperarse, qué es perder a un hijo, qué es enamorarse y ser correspondido, qué es soñar y ver cómo se hace realidad mucho de lo que deseamos si no nos dejamos caer llorando en la tierra desilusionados. Podría abrazarla y decirle al oído: -Se acabó pequeña, ya no tienes que llorar, estás viva. Pero no puedo decirle nada porque la ahorcaron aquel último invierno y su destino se cerró en torno a su cuello.
Ya hoy no puede volver a ser una tragedia ser mujer, ser negro, indio… Ser homosexual, ser inteligente y sensible y pertenecer a la más baja de las clases, eso tenemos que enterrarlo cueste lo que cueste para que no vuelva a existir jamás.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Todas éstas cosas malas


Ya estoy harto, bueno, hace mucho que estoy harto. Intento sobrellevar las cosas lo mejor posible aunque todo se vaya derrumbando a mi paso, como si portara una extraña enfermedad que corroe hasta las paredes, pero yo aguanto estoicamente. Me despierto triste casi todas las mañanas y me lanzo al café, mientras lo tomo, pienso en las mejores cosas posibles, son sueños, pero sueños que pienso llevar a cabo, lo hago todo muy poco a poco, pero lo hago. Pienso en mi amor, pienso en mí, me miro al espejo, debo de quererme, me voy queriendo poquito a poco. Miro mis ojos, mis labios, mi nariz, el corte de mi cara, me voy queriendo, me ilusiono, me reconozco. La tristeza se marcha habiendo perdido su batalla un día más, pero cuesta trabajo, hay que esforzarse mucho y no rendirse. Me llevo a cuestas día tras día y trato de hacer que mi propia carga sea dulce y agradable; lo consigo; la tristeza me mira desolada, hoy tampoco ha podido conmigo.
Pero estoy harto, necesito un inciso. Descanso, sigo, descanso, pienso, trabajo…Se acabará. Un día, y será pronto, tendré mi casa (que ya estoy buscando), dejaré todo esto atrás, mi infancia, mis traumas, sí, esos traumas con los que todos cargamos. Mandaré a la mierda todas éstas cosas malas (sí, a veces puedo ser de lo más ordinario, y me gusta), me tomaré una copa a mi salud, y me reiré. Ahora también me río, no cuesta tanto, nadie es tan pobre que le falte una sonrisa. Tengo ganas de aislarme, pero no lo hago, sería un punto a favor de la tristeza. Tengo ganas de no hablar, pero hablo, no tengo ganas de hacer nada, pero hago cosas. Lucho por mí, no quiero defraudarme. Si tengo vida, la veo, tengo amor, tengo salud; estoy en disposición de vencerlo todo, por lo tanto…
Pero estoy harto, llegan las navidades, pronto, serán malas, sí, lo sé. Las cosas en casa no van bien, y habrá soledad y recuerdos, habrá tristeza. Me da igual, vestiré mi árbol, saldré a mirar escaparates, ayudaré a mi madre a preparar una cena espectacular y me tomaré alguna que otra copilla. Veré alguna de mis pelis favoritas y por supuesto, en cuanto vea a mi novio me lanzaré al más escandaloso de los placeres abandonándome a la carne, al sentimiento, en cuerpo y alma, y voy a traspasar cuantos umbrales me encuentre.
¿Eso es luchar?, por supuesto, no pienso abandonar ésta miserable y complicada vida a no ser por la fuerza, y me he jurado a mí mismo, que el día que la muerte se me venga a llevar, me agarraré fuerte a lo que encuentre, gritaré, hecho un basilisco, arañaré, blasfemaré, y cuando no tenga más remedio…Me iré con la satisfacción de haber aprovechado la vida, y de haber luchado…Siempre.

Así soy yo.

sábado, 16 de octubre de 2010

Muy difícil


Qué difícil es decir: -Ya no te quiero,
qué difícil es amar y estar aún sólo,
que difícil es decir: -Renuncio a ti, ya no eres mío,
qué difícil es querer no equivocarse, no enamorarse…
¡Resulta tan difícil todo!.
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Qué difícil esquivar la soledad
y estar en soledad si se desea,
qué difícil es callar, cuando se quiere hablar
y hablar cuando el ruido te rodea...
¡Resulta tan difícil todo...!.
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Qué difícil acabar cuando no quieres continuar
y qué difícil continuar si te apetece seguir,
qué difícil es llorar, qué difícil es reír,
cuando quieres estar triste y cuando quieres ser feliz.
¡Resulta tan difícil todo...!.
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Pues sí que es difícil vivir, cariño mío,
o morir, si así queremos,
qué difícil que nos amen cuando amemos,
o abrir los ojos, al menos;
qué difícil es que nos perdamos o nos encontremos,
y apreciar a tiempo aquello que tenemos.

oooooooooooooooooooooooooooooo
Ésta te la dedico a tí, que la estás leyendo. Gracias por la visita; aprendamos y que nos valga, la vida es corta, por eso precisamente hay que aprovecharla al máximo. Un abrazo para quien lo necesite.

jueves, 14 de octubre de 2010

Oscura Edith


Quiero volver a ver como tus manos, mariposas nocturnas nacaradas vuelan alrededor de tu semblante mientras cantas a la muerte, oscura Edith, una y otra vez.
Eres una Diva fantasmal que me hipnotiza, con tu voz, que parece salida de lo más hondo de una mina de carbón, humilde loca comprendida, reprendida y respetada, que quiso, creyendo en Dios, arrepentirse y ya fue tarde para tu carne maltratada. Pero como tú, oscura Edith, creíste en Dios, con él estás.
Quiero volver a ver tu cruz, colgando sobre tus pechos, brillante y estática, que parece que te escuche igual que yo; pero si hago eso, no podré cerrar los ojos mientras escucho tu voz, tal como me gusta, oscura Edith, porque así es como te siento, en la profunda negrura que imagino cuando desconectando de mi alrededor tarareo muy bajito a tu compás “Non, je ne regrette rien”, y sé que si no te arrepientes de nada, es, porque creyendo en la redención aceptas tu falta, la admites, y te dispones a empezar de nuevo, el tiempo de vida que te quede.
Oscura diva fantasmal de voz del alma, eres Europa y tú misma, como una flor, que aún crecida detrás de un pozo sigue siendo bella y oliendo igual de bien que cualquier otra; humilde y despiadada Edith, valiente e inconsciente Edith, frágil y dura Edith que estás entre los muertos. Aún te escuchamos los vivos y sabemos lo que tú quisiste, oscura Edith.
Descansa en paz

lunes, 11 de octubre de 2010

En el fondo del mar


Hay caricias en el mar, yo lo sé; cuando corrientes profundas las balancean y se pasean por el rostro suaves y sin permiso, sus hojas oscuras y húmedas. Hay besos de agua fría y salada que llegan al alma, pero no la encienden.
Hay anémonas, corales, que se pegan a los pies y no acompañan, uniendo el inmenso escenario; rocas marinas, conchas, algas, esponjas. Hay pequeños pececillos multiformes de colores variados que no se aprecian en la oscuridad, sin luz, que vagan a tu alrededor en donde yaces prendido y olvidado.
Yo sé de un barco viejo, herido, que estuvo en puerto una vez, que anduvo direcciones y tuvo destinos y llevó ajuares y especias, cristal, monedas, sal y tejidos; donde hubo voces y alguien cantó sobre las olas al despuntar el día, y donde suspiraron con sueños profundos y fugaces al ponerse el sol, olvidados de sí mismos, los fantasmas que vivían con la luz solar al cruzar el portal de la vigilia y el sueño. Barquito hundido en el agua, dormido sobre la cima que el mar cubre porque es suya, cercado de posidonias y cangrejos.
El silencio allí es distinto, pues es la usencia de sonidos, es como el peso del tiempo que te duerme y se detiene. Allí mirar hacia arriba la tenue luz que abajo llega, imaginando el aire y las aves que son como estrellas aladas que se ríen de todo mientras vienen y van, libres de cargas triviales en lo sencillo del ser lo que son.
Yo sé de un alma que se resignó al mar un día, y decidió dormir y decidió soñar, en la profundidad, y abrazar el agua y aquel mundo; y que de golpe un día, abrió los ojos y se halló al sol, viendo campos, árboles, caminos, y rió feliz, sembró una huerta y amó. Pero todas las noches, al dormir, seguía soñando con el frío, profundo, oscuro y silencioso fondo del mar.

viernes, 8 de octubre de 2010

Más allá


Más allá de la muerte
Quiero estar enamorado;
Del árbol que planté,
De ti,
De cada sueño soñado.
De las tardes que lloraban,
De las noches que reí,
De las mañanas de luz,
De ti,
Del alma que llevo en mí.
De aquella triste canción
Que a veces me hacía llorar,
Del gorrión que yo salvé,
De ti,
De la tierra, y del mar.
De la madre que me dio
El “primer” de los suspiros,
Del amigo que escuchó,
De ti,
De las estrellas que miro.
Del abrazo inesperado,
Del beso que deseaba,
De lo malo que aprendí,
De ti,
Del camino que aún quedaba.
Más allá de la muerte
Quiero estar enamorado,
De la vida que viví,
De ti,
De tanto amor que me han dado.

miércoles, 6 de octubre de 2010

UNA MENTIRA


Nunca nadie me dirá que he muerto,
nunca sabré de que labios vino el beso
que intentaba despertar mi beso frío,
porque en éste Invierno mío
hay escarcha en los desiertos.
Nunca nadie cogerá mi mano
para guiarme con él a otro lugar,
porque no encuentro en mi camino
a nadie que le guste caminar.
Nunca nadie me dirá qué estrella es mía
ni sabré si se apagó, por qué existía,
con qué motivación ardía...
Nunca nadie me dirá por qué viví
mientras me llega su aliento,
tan cercano nuestro encuentro
y nunca olvide que existí.
Nunca nadie pedirá éste beso mío
mientras dura mi calor,
y lo recuerde, con amor
cuando mi pecho esté frío.
Nunca nadie me dirá que he muerto,
porque a nadie importará que no lo sepa,
cuando a los huesos, la muerte trepa,
¿qué me importará no estar despierto?.


VUELVO A REPETIRLO: Una mentira, gracias a Dios, una grandísima mentira.
Por cierto, amiga Marina, si lees ésto te prometo hacer algo más "dulce" cuando me vuelva a atrever a introducir versos en el blog. Abrazos

martes, 5 de octubre de 2010

Luz dorada de una tarde para recordar


Hoy mi alma no está conmigo, de alguna manera me siento un poco vacío hoy, desconcertado, como si algo de repente me faltara, algo que no reconozco inmediatamente pero cuya falta advierto, así que debe de ser el alma que ha salido sola a pasear, digo yo.
Hace una tarde de otoño soleada pero fresca, a éstas horas el sol se pone ya, y la luz es dorada, la luz dorada del atardecer me recuerda un poco a los domingos, día en que la semana termina, siempre son un poco tristes los finales, empiece lo que empiece; me llena de nostalgia. Mi cabeza hoy quiere pensar y pensar y así fatigarme, pensar en todo lo que he conseguido, en aquello que me falta, en lo que falta a alguien, en quién necesita qué, no sé, un verdadero lío.
Mis neuronas todas revueltas, algunas se deben querer tomar ya las vacaciones de invierno, pero es un poco pronto. Otras, recién venidas del verano han estado en muchos sitios, y aún no están muy coordinadas, digo yo. Estoy pensando en el verano que me dejo atrás, el verano de mis 31 años, en éste verano han ocurrido cosas muy bonitas, también he llorado bastante más de lo habitual en éstos tiempos; se preparan cambios. He tomado el sol del verano de 2010, eso nunca más lo haré. Ha habido despedidas dolorosas y reencuentros, ha habido tedio, diversión, amor, mar, desorientación, reubicación, ha habido conchas y helados, palabras, ginebra a poquito a poco, suspiros, recuerdos, reproches, sueños, deseos, añoranza. He llegado a cansarme mucho, muchísimo, a no querer despertar mas de una mañana, me hacían falta 1000 horas de sueño y no era posible; quería hibernar e ir al mar, quería…
Ahora estoy lleno de colores que no tengo tiempo de poner en su sitio, de besos que me tengo que guardar amontonados para dejarlos salir una vez por semana, de abrazos. Pronto se nos echará encima la Navidad, llenita de nostalgia, de faltas, de novedades. Prepararé cosas y saldré, lloraré, me divertiré, me acordaré de tantos momentos…Esto se llama nostalgia, si señor, es la tarde de hoy quizá, fue la de ayer. No, la tarde que es aún no ha llegado.
Mi perro mirará cómo decoramos de nuevo el árbol, bueno, yo solito, mis padres ya no hacen nada (mi padre nunca, desde luego) y mi hermana éste año ya no está, se casó en verano, ahora es independiente. Supongo que habrá chocolatinas y prepararé vieiras al horno el día 31 de Diciembre, tomaré las uvas y me iré corriendo buscando a mi amor para darle un beso de año nuevo y aprovecharle hasta el máximo antes de volverme a despedir, porque nunca me quiero ir, pero me voy; porque nunca quiere que me vaya, pero me deja marchar.
Hoy es un día para recordar, vaya que sí, mis recuerdos están alborotados como demonios libres en un día de viento y polvo, me va a costar mucho trabajo conseguir recoger hasta el último, para volver a dejarlos en su lugar, hasta… No lo sé.

domingo, 3 de octubre de 2010

Crujiente Otoño


Crujiente Otoño que me regalas un año más, tú me ves pero pasas sin mirarme, dejas que te disfrute y me desprecias, y no te importa no encontrarme un año más, si un día faltase. Debe de seguir habiendo otoños para los demás, y los árboles necesitan desvestirse cuando llegues hasta ellos, como mujeres solitarias que esperan un amante evasivo, se despojan de todo al sentirte y se duermen mientras pasas.
Se hace indispensable dedicarte éste momento, es la hora. Los paraguas se abren a tu paso como flores enlutadas que florecen de golpe, triste y tranquilamente, y llueves. Me haces recordar, me haces entristecer un poco, pero no puedo evitar amarte. Te ha recorrido el niño que fui llenándome de todo cuanto me deparabas, camino del colegio, mirando los arroyuelos de agua fría que corrían hasta las alcantarillas, sintiendo mi cara fresca y mi nariz dormida; buscando los arcoíris que se formaban en el asfalto cuando el agua corría mezclada con los aceites de los coches, arcoíris nacarados que vivían en el suelo de mis otoños queridos de la niñez. Hay tareas que hacer y estudio en mi habitación, pero tú sigues ahí, otoño persistente, tras la ventana. Rayas los cristales con tus tímidas gotas que reclaman mi atención, y me distraigo; al fin y al cabo sólo soy un niño.
Me asomo a la ventana y huelo a ti, el día es seco, pero llegaste el 23 y yo lo sé, aunque te escondas el aire lleva tu aroma, con un toque de humedad y cambio inconfundible. Me siento lleno de nostalgia. Queda atrás y olvido aquel día de sol de junio en que mi abuela lavaba los sofás y las sillas, lo sacaba todo al patio y pintaba la casa. Mi madre cocinaba algún guiso con el que me cuidaba y yo lo olía, un día sin colegio, asomado a la ventana con el sol tostando mi cabecita mirando ese patio lleno de muebles y escuchando a mamá cantar “Yo no soy esa” mientras pensaba: Qué bien, tengo un día entero para hacer cosas, ¡cuánto voy a jugar hoy!.
Querido y crujiente otoño, te estaba esperando.

viernes, 1 de octubre de 2010

El festín de Babette


Ésta es una película de demasiado buen gusto, tanto, que no es fácil que agrade a cualquiera. Es danesa, y obtuvo el premio de la academia a mejor película de habla no inglesa en 1988. Aunque pocas personas conozcan éste film, sentó precedentes en el cine, y se ha copiado y vuelto a copiar su esencia, que trata de cómo a través del sentido del gusto se puede llegar al corazón de las personas, y se puede dar la vuelta a diferentes situaciones, claro está, que en otros filmes al respecto se le ha dado diferentes tonalidades al tema para hacerlas más vistosas al público.
No hace mucho Catherine Zeta Jones protagonizó un film con éste tema, está la famosísima (y también nominada al mismo premio de la academia) “Como agua para chocolate”, basada en la novela del mismo título que es ya considerada casi un clásico. Está “Tomates verdes fritos” en que se mezclan el tema culinario con la historia que acontece, la muy reciente “Julie y Julia”, protagonizada por la incansable Meryl Streep, basada en hechos reales, alegre, colorista, positiva y muy recomendable también, y muchísimas más.
Ésta es una historia sobria, elegante, muy religiosa, llena de bondad y de valores, que cuenta cómo a la vida de dos hermanas solteras muy puritanas y piadosas, llega Babette tras la revolución francesa, buscando refugio en su pequeña isla danesa, portando una carta de recomendación que traerá diferentes recuerdos a las dos hermanas, y cómo la acogen con resignación y algo de inquietud, acostumbrándose a su compañía y buen hacer mientras la historia te va paseando por el pasado de ambas hermanas y por la historia religiosa de la pequeña isla, en donde una comunidad en aparente buen hermandad, también está llena de rencorosos secretos que acaban superando en una unida comida que ofrece la protagonista (ya veréis por qué), y que lleva tras de sí un enternecedor trasfondo, que acaba transformando las simples almas que bajo el seno protector de ambas hermanas resisten calmadas sus impulsos.
Para mí (y para muchos) ésta película, obra de arte donde las haya, discurre perfecta y serena llenándote de tranquilidad mientras la ves, porque en ésta historia algo triste, dulce y conmovedora, llena de amor al prójimo, no cabe mal alguno para aquellos que como ninfas viejas y oscuras la habitan.
La recomendación de éste film tan conmovedor y especial se la dedico a la hermana Sor Cecilia, a quien he conocido en su tierno blog “estoyatuladosorcecilia.blogspot.com”, que recomiendo a quien guste de pasear por tan tranquilo lugar, ya que ella me ha inspirado el recomendar una película de éstas características, que tengo alojada en mi memoria desde la primera vez que la vi, y cuya bondad y cariño me ha traído precisamente éstos recuerdos, que siento, cada vez que visito su blog. Un abrazo SINCERO Sor Cecilia.

jueves, 30 de septiembre de 2010

El pollo rosa


Ésta pequeña historia forma parte de mi niñez, de las que tantas otras ya he olvidado. Apenas recordaba ésta, pero mientras tomaba café me ha venido a la mente como “una pedrada”, y no he podido evitar el tener que sentarme a “rescatar” mi recuerdo antes de que se vuelva a desvanecer.
Yo fui un niño muy especial, debéis creerlo porque lo digo yo, jj, y siempre tuve una conexión muy especial con mi madre, a quien adoraba, al contrario que mi padre con el que apenas he mantenido relación, ya que aún siendo lo buen padre que ha podido, siempre se ha mantenido distante, gruñón, y poco comunicativo. Mamá era muy bonita, para todos los niños su madre lo es, pero al crecer me he dado cuenta de que mi madre era reálmente bonita, para mí y para el resto de niños que compartieron mi infancia; tenía una cara bonita, una piel suave y blanca, una nariz pequeña ( que he heredado) , unos ojos muy dulces y un maravilloso y abundante pelo, largo y castaño claro que se ondulaba en sus extremos. Tenía (y sigue teniendo) un cuerpo bastante bonito que casi mantiene hoy a pesar de su edad, y yo la miraba deslumbrado cada vez que venía a recogerme al colegio, lleno de orgullo, porque mi madre era la más bonita de las madres que esperaban a la puerta del colegio.
La historia del pollo es corta. Jjj.
Un día bajé al mercado con ella, era muy pequeño, el caso es que fue la primera vez que vi aquello, que no la última. A pesar de todo mis padres eran unas personas muy prácticas y muy de campo, sencillos y humildes, y no se andaban con muchos rodeos a la hora de que mirásemos algunas verdades a la cara.
En una caja, en uno de los puestos del mercado, donde vendían huevos y otra clase de animales, había un montón de pollitos de todos los colores, -¡santo cielo!- pensé, - ¡pollitos de colores!. Yo nunca he sido un niño que pidiera mucho, me conformaba bastante con lo que me daban, y si pedía para mí, pedía también para mi hermana. Pero aquel día me daba igual mi hermana, quería uno de esos pollos a cualquier precio, me gustó especiálmente el de color rosa (me encanta el rosa de toda la vida, me parece un color de broma y divertido). Pedí el pollo muy seriamente: -Mamá, quiero un pollo rosa.
Mi madre lo pensó, me miró y me dijo: -¿Y qué vamos a hacer con él cuando crezca?, si es gallina nos lo podremos quedar ya que al menos pondrá huevos, pero si sale pollo, habrá que matarlo para comer, ¿para qué queremos un pollo?.
Teníamos un patio inmenso y un terreno tras la casa donde mi “pollo rosa” podría vivir feliz, no pensaba en otra cosa, así que volví a insistir sin dar explicaciones. Mi madre accedió y escogí mi pollo rosa, con el que me fui muy contento a casa.
En mi vida he tenido muchísimas desilusiones, dos de ellas fueron las siguientes:
1ª. El pollo creció y mudó las plumas, o sea que no era verdaderamente rosa, me sentí ultrajado y crédulo, estafado, desengañado de la vida: No existen los pollos de colores.
2ª. El pollo resultó ser macho, y mamá cumplió su promesa. No nos podíamos quedar el pollo si era macho.
Sufrí las consecuencias de mi elección, tuve una decepción y me quedé sin pollo, pero a pesar de todo lo superé, ¿o no?. ;-)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LA DIVA "ALTERNATIVA"


Se llama Catherine Deneuve, agregadla si os gusta el cine, no os va a defraudar. El celuloide es su trono desde que rodara “Los paraguas de Cherburgo”, y a partir de ahí ha pasado por las manos de directores como Roman Polanski, Lars Von Trier, Jacques Demy, Jean Paul Rappeneau, Regis Wargnier, FranÇois Truffaut, André Téchiné, Manoel de Oliveira, Dino Risi, o el mismísimo Buñuel (por citar sólo unos pocos) de quien fue musa en “Tristana”, “La mujer con botas rojas” y la inigualable “Belle de Jour (Bella de día)”.
Ha sido la imagen más duradera de “Channel”, se ha llevado la “Copa Volpi” en más de una ocasión, el césar francés a la mejor actriz, e incluso estuvo nominada al oscar por “Indochina”. Mujer y actriz amante del teatro y el cine, inteligente, bella, autodidacta, distinguida, que no quiso prodigarse por Hollywood porque a veces, venderse caro es venderse barato. Así que en Europa ha rodado cine de gran calidad ésta “belleza de hielo”, como la conocen en Francia, heroína del cine independiente, musa del 7º arte, quien no para de satisfacerme, fílmicamente, año tras año, desde que la descubrí hace ya mucho.
En la historia del cine, está escrito su nombre, sin pretensiones, con mucha clase y talento, con una elegancia, profesionalidad y glamour, que verdaderamente no existirían apenas ya en el mundo del cine de no ser por Catherine Deneuve.
Deneuve no es una estrella, es un inmenso satélite de hielo y cristales que gira fílmicamente alrededor de la tierra, icono cultural de un gran sector que nos enriquece a todos con su diversidad y colorido, y sobre todo, que sabe hacer magistralmente el trabajo al que se dedica ésta Diva “alternativa”.

martes, 28 de septiembre de 2010

Los paraguas de Cherburgo

Para inaugurar una sección dedicada al cine, que voy a ir “intercalando” y compartiendo con quien guste en éste blog, voy a escoger una de las más “exquisitas” experiencias que el cine me ha brindado: Los paraguas de Cherburgo.
En mi siguiente entrada dejaré la impresión que su protagonista me causa, actriz entre las actrices casi desde que tuvo conocimiento, perfecta y bella, dulce y fría, única.
El autor de éste film (recientemente rescatado en España en dvd, restaurada totalmente en sonido e imagen gracias a “divisa”, recuperados sus maravillosos colores originales, fue un éxito en su estreno internacional, a pesar de ser absolutamente cantada, y en su idioma original, el francés, forma que me parece “intocable” si queremos garantizarle el respeto que se le debe. Su realización fue la realización del sueño de su director, Jacques Demy, de hacer una película así, en donde la música mueve cada sentimiento, una maravillosa música de Michel Legrand que obtuvo la nominación al oscar y que se ha convertido en una banda sonora histórica. Cada color en éste “cuento” no es casual, todo está a juego, cada color va unido a un estado y a un movimiento, en unas tomas camaleónicas que van cambiando y absorbiéndonos, mientras nos emociona lo absoluto y antiguo de una historia de amor y desamor. Sinceramente lloré viendo ésta película a la vez que reí, la he visto con muchos seres queridos, que siempre me han agradecido su descubrimiento, y no conozco a nadie que la haya visto y no le haya encantado, sinceramente. Espero, que si la veis, compartáis conmigo vuestra impresión, me sentiré muy agradecido, sed valientes, ¡está subtitulada al castellano!, os gustará ;-)
“Prefiero idealizar la realidad, sino, ¿para qué ir al cine?”
Jacques Demy

lunes, 27 de septiembre de 2010

Noche fría; tierra quemada


Acompáñame un momento
En ésta noche fría,
Yo seré tu estrella
Yo seré tu guía.
Yo te abrazaré cuando el tiempo nos alcance,
Yo te besaré cuando sientas que no llegas
Yo tu fuerza alentaré, y tus miedos calmaré,
Yo, cuando no puedas más, contigo me sentaré.
Hoy voy a acercarme a ti
Para quererte,
Me das la mano, y así
Siento tenerte.
Yo contigo lloraré cuando el mundo te haga daño,
Te llevaré junto a mí donde no llegue dolor,
Donde nadie nos encuentre, donde nadie nos destroce,
Donde todas las tristezas se mueran en el amor.
Haz tu maleta, cariño,
Que yo te llevo hasta el tren,
Y te beso en el andén
Como si fueras un niño.
Yo doraré las mañanas, cuando necesites luz,
Yo cerraré las persianas si no quieres despertar,
Te abrazaré y dormiremos si lo quieres tú,
Te alentaré a levantarte para caminar…
Acompáñame un momento
Por ésta tierra quemada,
Yo sembraré antes de tí
Hierba para tu mirada.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Árboles nuevos


He mirado al árbol de frente y lo he sentido, he mirado cada hoja y cada rama, he imaginado cada raíz, fuerte y profunda, sana, he visto las flores y he probado los frutos. Ahora está en mí y sé mirarlo como algo casual y bienhechor que crece sin envidia en cualquier parte, se adapta y vive.
Un limonero es una niña que juega en un patio con un vestido blanco que no se ensucia.
Un ciprés es una Diva, elegante y oscura, aterrorizada del roce grosero de la vulgaridad.
Un olivo es una mujer que pagó todas sus deudas, pero no tiene esperanza nueva, y sí ganas de vivir cada mañana.
Un alcornoque es mi abuelo que murió, que me puso el apodo familiar y se pudre sin que lo conozca.
Un castaño es un vecino que sale a trabajar y saluda, tiene un coche viejo y una mujer que le quiere.
Un álamo es mi amor, y canta, me siento muy querido en su sombra fresca y nada me falta.
Un granado es una casita singular, sin forma definida, con habitaciones en las que se puede encontrar cualquier cosa extraña.
Un nogal es un padre que vigila, en el centro de un lugar que es suyo desde hace mucho tiempo.
Una encina es Dios, y a ella le pido, porque en la encina creo, que todo vaya bien, y que pueda soportar, de lo contrario.
Una mimosa es la bailarina de un circo, no se cómo llegó a mi calle con su vestido de pista y una tobillera con cristales.
Un naranjo es un naranjo, no quiero que sea otra cosa.
Un laurel es una ninfa, porque lo leí en un cuento, detenida a medio huir, y alzada entre llantos en madera y verdes hojas.
Un fresno es una cascada, porque lleva agua y cae, levantando espumas y arcoíris.
Un arce es el muro de un castillo viejo donde ya no vive nadie, tórtolas y murciélagos lo aprovechan.
Una haya es el bizcocho con fresas que preparó mi tía Chari cuando yo era pequeño, me gustó mucho.
Un madroño es mi amigo favorito, es mayor que yo y me defiende, de él aprendo cosas que me interesan, y viene a mi cumpleaños.
Una higuera es mamá, cuando me sube la fiebre, ella hace que me baje, trae agua a mi mesita y queso fresco porque estoy enfermo.
Un pino es la frutera del mercado de la “Plaza de Abastos” de mi pueblo, y su puesto, allí ya no hay nada y ya nunca bajo.
Un sauce es el rato que uno duerme, dejando atrás la consciencia para luego retomar lo que se hacía.
Un cerezo es el vestido de una novia, se quiere estrenar y todos miran, parece de encaje de papel, es muy bonito.
Un abeto es una copa de cristal.
Un júpiter es mi hermana que tardó en crecer y luego lo hizo de golpe, ha hecho ya su vida independiente.
Un manzano es un mantecado de los que mi abuela ponía cuando era pequeño en Navidad, sabía a limón, qué raro.
Un almendro es el cartero de mi barrio, ya se retiró.
Una palmera es una vieja que ha cumplido 105 años, tiene la casa muy limpia.
Un tilo es el primer coche que un muchacho tiene, le hace mucha ilusión y en él se besa con su novia.
Una jacaranda es mi amiga Inma, siempre fue preciosa y dulce, es muy lista y cariñosa.
Un eucalipto es un viaje inesperado. ¿qué sensación nos causa?.
Una platanera es mi “Coco”, mi pequeño perro que me sigue a todas partes, me hace gracia la platanera, siempre me acerco a mirarla.
Un olmo es un pueblo sin mar, en cuyo tronco se pone la mano al pasar.
Una melia a lo mejor soy yo, hace muchos años sembré una que creció, y hoy da sombra.
Éstos son algunos de los árboles que amo, podéis conocerlos, están en todas partes.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Querida FRIDA


Habría que escribir un cuento dulce y surrealista, para explicar a la artista, y entender a la mujer, o viceversa. Debería de ser un cuento en el que un montón de colores se derraman sobre una madera vieja, y ésta, vuelve a la vida y brota, dando flores y raíz rizada, tamarindos y naranjas de formas diferentes; entonces olvidas que ese árbol solo fue una tabla vieja, y al coger su fruta el árbol llora, pero al morderla, la fruta sonríe.
Entonces has llegado a Frida Kahlo. Al escribir su apellido en mi ordenador, Word no me ha reconocido “Kahlo” y yo he pensado: Desde luego no siempre se reconoce al artista como se debe, e inmediatamente he agregado ese maravilloso apellido a la gramática, para no cometer el error de la tardanza que otros cometieron en su día. Querido cactus florido, quiero seguir mirando un cuadro y sufrir contigo, quiero ilusionarme con una forma fuera de contexto, maravilloso ágave exótico que respiras al sol, voy a darte arena y agua para sonreír con lo que no comprendo, comeré frutas y beberé licor a tu salud, maestra; bailaré por ti sin mover mi cuerpo, porque el alma también baila. Quisiera una de tus flores como recuerdo porque han dormido sobre la cabeza que piensa, sobre la mujer que se supera, sobre la turquesa y la plata de tus pendientes estrafalarios y llamativos.
Voy a ser naranja y marrón mientras miro tu “Dos Fridas”, y tequila para inspeccionar tu “Columna rota”, quiero ver lo que tú viste en el agua, afianzar mi certeza de que te comprendo. Voy a darle un “10” a tu “Abrazo de amor del universo” y tú puedes seguir pensando en Diego, y para que nunca llores más, paloma rosa, escupiré sobre tu hombro para darte la suerte que ya no necesitas.
Quiero el ojo, que de un cíclope, supo mirar, ver quien eras, y en una caja de madera de rosal voy a dejar tu recuerdo para que pueda reposar, nácar negro, espejo de humo de los incas, hija de las tres culturas, pintora, enamorada, poeta, pero sobre todo artista.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La orquesta de otro mundo


En este pueblo se dice: Si escuchas música en el jardín, a media noche, no salgas de la cama, déjala sonar, si suena durante 9 noches seguidas sin que caigas en la trampa, ya no volverá a sonar, nunca más, pero si sucumbes a la curiosidad, la escucharás para siempre, quieras… o no.
Esa noche dormía en su habitación de una modesta casita de huéspedes en las afueras del pequeño pueblo. Apenas eran cinco inquilinos que él hubiese contado, y había al menos cuatro habitaciones más vacías en esos momentos. Eran dos caseras quienes regentaban aquel bonito y sencillo lugar: Adela y Rosario.
Adela y Rosario eran hermanas, se llevaban sólo 14 meses, Rosario era la menor, y viuda sin hijos; no llevaba su inquilino ni dos días en la casa cuando ya escuchó su historia en una pequeña cafetería cercana: Adela era soltera y jamás se le conoció novio, cuidó de sus padres hasta la muerte de éstos que se había producido hacía unos diez años, con 3 días de diferencia, y quedó heredera al cincuenta por ciento de la casa y el terreno de los padres junto con su hermana, Rosario, quien sí que se casó joven y cuyo marido murió, tras 15 años de tranquilo matrimonio, un mes antes del fallecimiento de sus padres a causa de un ataque cardíaco, que lo fulminó en el instante justo después de cenar; y las hermanas, presas del tedio y en un arrollador impulso creativo decidieron convertir la casa de sus padres, la enorme casa de sus padres, en una casa de huéspedes, lo que les proporcionaba un ingreso y una distracción a partes iguales; se llevaban muy bien y eran bastante charlatanas, sobre todo Adela, la mayor.
La cocina en aquella casa era buena, la limpieza, inmejorable; todo estaba en su sitio y lugar desde el mismo momento en que cualquier huésped abriese los ojos. Pero de lo de la orquesta del otro mundo… De eso no le habían informado mas que el mismo día de la noche en que la escuchó. Le habían contado esa “curiosa” leyenda de pueblo de una música de ultratumba como “clásica”, - decía un abuelo amigo del dueño de la cafetería que apenas se ausentaba del lugar mientras hubiese luz-, el gesto afirmativo de la cabeza del dueño de la cafetería, secundaba afirmativamente tan insólita historia.
Siempre sonaba y siempre se iba, sólo con una diferencia, se llevaban a algunos. Y la orquesta crecía, se dice que con el paso de los años incluso habían incorporado instrumentos y rostros nuevos a su espectral asociación, que con pretensiones desconocidas, iba menguando positivamente con el paso de los siglos desde que el pueblo existía. Se decía y hablaba de otro pueblo mucho más antiguo, siglos ha, del que apenas quedaban restos, y por lo visto, contaban en la cafetería, su existencia se alejaba más allá de las oscuras luces del s. X. -Un pueblo antiguo, sí señor, y hay restos-, repetía el anciano de la cafetería.
Nadie le dijo: Es cierto, no es una leyenda, yo mismo la escuché hace años y me resisití a bajar, ni moverme en la cama, vamos. No vuelve a sonar nunca más si no bajas durante nueve noches, no te persigue, si bajas sucederá que…
Y la estaba escuchando, y sonaba muy profunda y lejana, pero perfectamente se deducía que provenía de la huerta que las hermanas cuidaban detrás de la casa, se podía imaginar los violines apoyados en el enorme nogal que crecía en el centro, y un piano, un enorme piano detrás, llegando al camino que baja a los estanques. No pudo verla desde la ventana del pasillo, todo estaba negro, más oscuro que una noche de luna nueva.
-¿Es una broma?, ¡qué curioso pueblo y qué curiosas historias!, ¿quién será, qué será?, ¿tendrán que ver Joaquín el de la cafetería y los vecinos?, ¿de qué aparato proviene la música?- pensaba mientras bajaba, escalón por escalón, a la planta baja.
Llegado abajo se acercó por el pasillo a la puerta trasera, echó un vistazo por el cristalito con la respiración algo contenida a favor de tan curioso momento, y sí, en el huerto había innumerables siluetas oscuras que se movían, las podía distinguir gracias a la mortecina luz que desprendía…. -¿el nogal?-Era como si el nogal, sus ramas más bajas, reflejaran una luz que les venía de abajo… De la gente.
Y poco dueño de sí abrió la puerta y sin pararse a cerrarla dio cuatro o cinco pasos y se acercó al escalón que unía casa y huerto, lo bajó, mirando… Podía verlos a todos, qué curiosos, alguna cara le sonaba, otras no… rasgos familiares, rostros llamativos, eran una orquesta, sí, y bien grande, eran los menos cincuenta y tocaban bien, qué tranquilo – se sentó en la tierra- tocan bien, sí, es muy bonito, da sueño y es agradable.
En ningún momento pensaba en lo reálmente insólito y sospechoso de desconfianza que resultaba todo aquello cuando cerró los ojos presa de un inadvertido sueño. Y se durmió escuchando... la música.
Era una música que se llevaba dentro, sí señor, una música muy antigua, de algún modo civilizada y primitiva a partes iguales, y de algún modo ya sabía que la música siempre debía seguir sonando cuando tuviese que sonar, igual que el sol se alza cada mañana para iluminar la tierra; era una regla, lo sentía, y una excepción también, algo extraño que se hace familiar a una velocidad inimaginable y que dividió la existencia en dos partes instantáneamente: Todo aquello que siempre había sabido o quiso saber… y esto; y con esto, cientos de cosas más, como un camino serpenteante y lleno de paredes y cuevas que cruza la tierra por debajo de la superficie, nuevo y extraño, lleno de posibilidades, y a la vez, sin posibilidad ninguna, ya lo estaba viendo.
La historia se siguió contando con pocos cambios en el pueblo, incluso en algún pueblecito cercano, y nadie decía a los visitantes: Es cierto, oiga usted, yo mismo la oí una vez durante nueve noches… Y, el año pasado contábamos ésta historia precisamente a un hombre muy agradable que por motivos de trabajo se hospedaba donde las hermanitas, y que se fue sin despedirse, oiga, es algo muy nuestro, siempre ha sido así.
Pero sí que con el paso del tiempo, se ha llegado a escuchar: Se dice que hay más violines éste año, el vecino nuevo, el que vino del sur a donde el Paco “el chico” la escuchó, nueve noches oiga, pero no bajó a ver…

sábado, 18 de septiembre de 2010

Una mujer como Romy


Querida pequeña niña soñadora, liberada de una familia rota que aprendió a volar y descubrió pronto quién era. Querida Romy, he sentido casi toda la diversidad de sentimientos que se puedan expresar, contenidos en tu dulce y alegre trabajo, y recuerdo gratamente a esa “Pupe” de “Boccaccio 70” donde te conocí, mucho antes que en “La piscina” o “Un destino de mujer”, por nombrar sólo un par de ellos, en donde estabas radiante y feliz aún, viva, telefoneando, fumando y maquinando ante la cámara, con tu dulce cara graciosa y bonita, y esos ojos de color de luna que tanto llegaron a llorar al final. Eres un mito imperturbable, eterno, de la historia humana, de su 7º arte, en donde estás prendida como el oro a la tierra, y en donde hiciste magia que nada tiene que envidiar ni a la pintura clásica o moderna, ni a la más perfecta música de los compositores de leyenda, ni al animal o planta más especial que haya creado la naturaleza. Ya no puedes dejar de existir, nunca más, ni desde el más frío silencio del lugar donde descansas.
Sonreí mucho viendo como correteabas en “¿Qué tal, pussycat?” junto a Woody Allen y Capucine, con tu radiante sonrisa en “Las cosas de la vida”, a pesar de que nunca te fue bien en el amor, y de que tuviste que sortear grandes obstáculos muy asiduamente sin dejar de deslumbrar en tu carrera y apariencia de muñeca graciosa y llena de vida, porque pienso que tu perfeccionismo era puramente casual, screen icon de un momento que, inerte, perdurará.Te vi llorar en “Lo importante es amar” en donde en la escena mítica en que te derrumbas me puso los pelos de punta, y ese sufrimiento, esa mirada azul me pareció imposiblemente triste y acabada, y lo sentí muy dentro; pocas veces un artista me ha llegado tan hondo, y en "Fantasma de amor”, uno de tus últimos trabajos, ya eras una Diva inamovible que había sentado un precedente para cosas, que después apenas se han vuelto a repetir.
Querida Romy, echo mucho de menos el descubrir un nuevo trabajo al que aplaudir con el corazón, como los que ya conozco, y aún doy gracias de tener que disfrutar de algunos pocos que aún no he llegado a ver, por lo que no tengo prisa, pues no quiero que llegue el día en que sepa que no me queda por ver nada nuevo de ti, aunque ya nada nuevo hagas, y lanzarme con nostalgia a redescubrir las cosas que ya conocía.
Muchos no saben quién eres, la cultura no es algo muy extendido, y dentro del cine alcanzan la fama carnes jóvenes que aún no se han ganado reálmente el lugar que ocupan, y que no saben reír ni llorar con la profesionalidad y autenticidad que el trabajo de un artista exige. Rubias que no me dicen nada con su bonita mirada y que no me harán sufrir, ni sonreír, y no te conocen porque tú estás muerta, y porque el cine que hacías es de muy buen gusto.
Se dice que aquel 29 de Mayo de 1982, moriste de tristeza, con 43 años, cuando te sobrevino la crisis cardíaca que te mató mientras escribías, pensando quizá en tu hijo, recién muerto, tu ala cortada, dicen. Porque en algún lugar leí que eras una paloma blanca, que con un ala cortada, no pudo volver a volar.
Querida Romy, el mundo te echa de menos; tú le has dado tanto…


Romy Schneider (1938 - 1982)

jueves, 16 de septiembre de 2010

Sueños


Sueños con un salón del color de los limones, de muebles blancos y un ventanal enorme que lo preside al frente. Una de las paredes es de color distinto, pero en los sueños no se sabe de qué color es. En la mesa blanca hay un gran cristal que la cubre y sobre el cristal hay flores frescas en un jarrón liso y transparente. Hay un ordenador portátil cerrado y dos cafés, uno solo con hielo y otro con leche.
En los sueños hay un sofá azul que nada tiene que ver con las paredes del color de los limones, ni con el blanco de los muebles y una gran burbuja de cristal llena de conchas marinas, caracolas atigradas y orejas de mar… Son sueños, nada más.
En la pared un cuadro color miel y azul profundo, hay tres cipreses lejanos sobre un lago, y en los sueños unos ojos lo miran recordando otra pared lejana y triste que ya no existe. Hay sillas blancas y dos sombras que se proyectan en el suelo de quien estará en el salón. Una me recuerda a ti, pues parece que sonría y que me quiera.
Hay un reloj de arena azul con un color que no tenía en su soporte, porque los sueños decidieron cambiarlo y la querida sombra que sonríe da el visto bueno. Pegada al salón en la cocina, una cocina muy divertida, hay dos platos de comida exótica que se está dispuesto a probar por curiosidad, y hay un dulce casero que apetece después, pero es el dulce de un sueño para que lo compartas con él, y como aún no existe, habrá que hacerlo.
Siento gemir en un dormitorio de cama grande, es un gemir lejano porque aún no existe, y ruido de caricias y secretos de alcoba, cosas que se cuentan sobre la almohada antes de entrar al otro mundo de los sueños, el que nos sobreviene cada noche cansados de existir un día entero lleno de ajetreos y proyectos, de trivialidades y costumbres queridas.
Y en un cuarto de baño de barro de colores alguien de sueños se limpia los dientes frente a un espejo.
Sueños de un día que amanece con cosas por hacer y una luz radiante y clara que abre de nuevo todas las habitaciones, tranquila y despreocupada, lanzándonos al mundo después de un abrazo, y llenos de esperanzas.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Perséfone en los Infiernos


Era un día azul y despejado, y en la eterna primavera cuidada de su propia madre, el valle que se extendía ante ella era verde y fresco. Llegando a la tranquila sombra de los árboles que crecían junto a un arroyo crecían sanos en la humedad los cyclámenes, que recogía sin prisa, perdida en un montón de agradables pensamientos.
Abierta de golpe la tierra en una oscura y cálida brecha a sus pies, no supo ni alejarse desconociendo que la desgracia existía; brazos ásperos y grises como la piedra, tentáculos salpicados de ojos de miradas frenéticas, humo que le hablaba obscenidades al oído que la niña no comprendió, caricias posesivas y degradantes que no fueron consentidas y mil irrealidades más, la bajaron hasta la entrada de los Infiernos entre tierra y gemas que parecían no acabar nunca.
Llorando y asustada llegó hasta la barca de Caronte en donde fue alojada, emprendiendo el viaje oscuro y amenazante a través del Estigio, acordándose de su madre y de la tierra que era su hogar, con el último y pálido cyclamen aún en la mano, que se pudrió con tristeza y calor como ninguna flor lo hizo antes.
En la tierra Deméter lloró desconsolada y buscó a su hija, el calor abrasador marcó el primer Verano en el mundo y arrasó campos verdes y vivos volviéndolos ocres y crujientes, hubo árboles que se adaptaron y otros que perecieron sin agua, y lirios y azafranes desaparecieron de laderas y valles donde las rocas parecieron crecer como lo hacían antes las flores.
Perséfone fue alojada en los Infiernos, cuidada con egoísmo y amada sin amar por el dios de la muerte y lo subterráneo, se negó a comer y a cantar porque ya no era feliz, y lloró y clamó al Olimpo compasión.
Noticias llegaron a la madre y el fuego se hizo en sus pupilas, hizo viajes y tratos y pidió favores, descuidando el mundo y llena de odio y ansiedad. En los juicios del Infierno 7 gajos de granada marcaron la penitencia y la libertad fue medida, a merced de cuanto hubiera comido del árbol de los muertos la muchacha arrepentida, y suspirando de pena se abrazó a su madre para volver a la tierra por un tiempo limitado, haciéndose su vida prácticamente la mitad en el Infierno, y Deméter, insatisfecha y llena de rencor, dio comienzo al primer Invierno que existió en la tierra, descuidando, despreciando su deber y la labor que con mimo había ejercido desde el principio de los tiempos. Perséfone volvió una tarde a los infiernos, las huertas se secaron, y el hombre conoció la nieve, y el frío.

jueves, 9 de septiembre de 2010

IRIDISCENTE


Los recuerdos que de ti guardo son como un caleidoscopio en mi cabeza, están por todas partes, juntos y desperdigados, son de muchas formas, tamaños y colores, algunos incluso “huelen” bien cuando los percibo. A veces veo una niña con el pelo muy largo y liso que viene a buscarme al patio del colegio, a la hora del recreo, tienes un caleidoscopio de cartón rojo en la mano con su lente rota, y yo, te cuento una historia de miedo.
Hemos descubierto que María del Mar es una “chuleona” y a veces nos juntamos con Marta o María Martínez a la hora del recreo, pero yo te prefiero a ti. Tú has descubierto “El barco de vapor” y “El duende verde” y los lees. Devuelves “Fray Perico y su borrico” a la biblioteca del colegio y yo lloro con “Adiós Josefina”, mientras el niño del libro aprende que no todo se puede tener en éste mundo.
Ayer vimos Fraggle rock y a la tarde, descubrimos que en los botes de champú de Johnson´s venían unos pendientes de plástico translúcido, con formas de diferentes frutas de diversos colores pasteles y transparentes. Tú tienes unos pequeños limones, y yo he regalado a mi madre dos manzanas muy bonitas, son un tesoro.
Han estrenado “Viernes 13” en el cine de verano y está prohibida a los niños, pero yo he conseguido verla y te la cuento, a ti te da miedo, pero escuchas, y llevas unos coleteros a lo largo del pelo de un azul oscuro muy brillante, y tienes unos ojos enormes en los que me reflejo.
Te llamo siempre “muñeca” porque eres muy bonita, y claro está, sé que te gustan las cosas bonitas; coleccionas marcapáginas y ya eres una mujer. Te gusta el nácar y la madreperla y te regalo una caja metálica cubierta de madreperla que hace aguas verdes, azules y violetas, para que guardes cosas. Te gusta el coral y la plata, y las incrustaciones de piedras bonitas no muy valiosas, de llamativos colores, te gusta el lapislázuli, el jade y el ámbar, también la turquesa, y los vestidos vivos que realzan tus formas voluptuosas y españolas. Te encanta el café y lo tomamos juntos, las comidas tradicionales y los sabores nuevos, exóticos y llamativos, que asimilas o rechazas con naturalidad y convencimiento. Te gusta llevar las uñas limpias y esmaltadas, y a mí, cuando veo moverse tus manos al hablar, blancas y suaves como dos palomas, tus uñas esmaltadas me parecen el casco de un barco muy brillante y pequeño que refleja el agua de un fondo poco profundo y muy luminoso, agua que se mueve perezosa y viva. Sigues creciendo, porque aún eres pequeña; y aprendes más y mas cosas, dejas libro por libro todo cuanto tocas, abres y lees en tus estanterías repletas de novedades y clásicos. Llevas falda porque la prefieres al pantalón, sobre todo cuando sales, y muy rara vez te recoges el pelo. A veces sí te lo recoges, con un alfiler, de manera muy casual, cuando llevas tu pijama puesto en casa y te sientas a leer o hablar conmigo en el sofá, frente al patio con tu enorme y viejo limonero que nunca deja de dar fruto. Siempre que bajo el suelo del patio está salpicado de limones maduros y flores de azahar, tú te disculpas porque no te parece limpio, pero a mí me parece que está perfecto y que así está bien tu patio, salpicado de limones y flores blancas, porque aunque no te des cuenta, te quiero porque tú eres igual.
Amiga mía. (Para I)

miércoles, 8 de septiembre de 2010

CHATARRA


Hay quien pasa por la vida sintiéndose exclusivamente a sí mismo, viendo un paisaje desdibujado en contraste con sus propios e intensos colores. Hay quien se adora de tal modo que le resulta muy difícil pensar en el futuro, y cuando ese futuro llega y se come cuanto fue, y echa raíces en su joven carne y la devora, es capaz incluso de no reconocer su error y su soberbia y se instala de nuevo en el pasado; y en lo maravilloso que fue un día.
En lo que se busca en éste mundo, lo que se quiere de ésta vida, está la clave para saber los valores de cada cual, en lo que se ama y admira, en lo que se detesta.
Intransigentes, carne del tiempo, Narcisos que se ahogan tristemente, piedras de río pintadas del color de los ópalos volcánicos, déspotas de intenciones tiranas, que la suerte no os de poder para no hacer el bien, que es lo que no haréis para matarme de tristeza.
Veo la carne y miro los ojos, quiero saber qué hay dentro de un envoltorio de seda viva y joven, porque quizá sea desilusionante apartar ese maravilloso papel y encontrarse con chatarra en las manos que no da cariño ni amistad, chatarra que no aprende ni es motivada por el honor y la razón, que se pudre con la constancia de los días y se oxida en la mirada. Labios carnosos y sonrosados, hermosos, que no emiten sonidos sanos; bonitos ojos rasgados y dulces, de pupilas vacías que ven sin mirar, valoraciones huecas y superficiales a las que no me quiero ver expuesto por vergüenza de especie, torsos definidos y brazos fuertes que no me calientan ni abrazan con sus carcasas vacías, trivialidades, vulgaridad, os agradezco el sentirme afortunado bajo vuestras imponentes sombras griegas, y con mi sencillo rostro río y lo ilumino contento para amar a quien amo y quererme a mi mismo, coger los hermosos valores que me inculcó mi madre, y agradecido, ver la vida y sumergirme en ella disfrutando de todo cuanto me ofrece, sin clasismos ni delirios de grandeza, libro por libro, entre tiempo y amigos, y los cándidos ojos de mi perro, el destello del rojo de las rosas que sembré en mi casa y el cariño que sembré y recojo.
Yo tengo granates y zafiros que no saben que lo son, tengo hierba a la que quiero más que al oro porque es blanda, suave, fresca y verde, un despertar cada mañana cargado de verdades y de luz, una amor que me quiere y me querrá porque siempre seré lo que soy, y él lo sabe y me da un beso. Lo siento por ustedes, chatarra, que tenéis tan poco en ésta vida.
Pekeño, gracias por acompañarme, y por ser tan valioso por fuera y por dentro.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La mano con plumas


Ya estaba harta, pero que muy harta de esperar, había esperado su padre, y su padre estaba muerto, y ahora le tocaba a ella; pero ella no tenía tanta paciencia como su padre y además tenía el ejemplo de éste como reclamo y un pequeño bote de alcohol en la mano.
Su padre había poseído un bloque entero en un viejo barrio de Madrid, muy cerca del centro y en bastante decadencia en parte, los bloques viejos que se iban quedando vacíos eran completamente reformados, o vendidos, o derribados para construir bloques nuevos… El caso es que alguien ganaba dinero. Su padre no.
Aún había tres inquilinos en el bloque que gozaban de un alquiler de renta antigua y que apenas pagaban tres euros al mes; y además, de alquiler hereditario, pudiendo pasar de una generación a otra. No tenía ni idea cómo se las había arreglado su padre entre demanda y demanda sin arreglar aquel edificio; baños viejos, cañerías antiguas, goteras, sistema eléctrico pésimo, paredes peores… Algunos vecinos habían muerto sin heredero, algunos se habían marchado con el paso del tiempo, pero aún quedaban tres puertas cerradas, con la ley a su favor. No era justo que ella apenas tuviese un sueldo de mil euros al mes, estando soltera, teniendo un edificio entero a su nombre en el centro de Madrid, no era justo. Pero su padre estaba enterrado y ella tenía un plan.
Pensaba en algo discreto, como provocar de alguna manera unos chispazos en los contadores, eso sí, con un poquito de alcohol daría fuerza a una llama recién nacida, lo justo para que ningún especialista pudiese atribuir la causa del desastre a una acción humana, algo intencionado, las mismas cajas que guardaban los contadores eran de madera vieja. En su garaje había encontrado tras unas cajas el pequeño nido de una rata, todo migajas y trozos de telas y cartones muy roídos, olía bastante mal; lo colocó en una esquinita inferior en una de las cajas de los contadores y roció a su alrededor un pequeño chorro de alcohol, dio con un destornillador entre los cables un poco a ciegas, no sabía muy bien cómo funcionaban esas cosas, saltaron unas pequeñas chispitas, pero nada de fuego; ya estaba harta, acercó el mechero encendido, la llama se levantó enseguida, no muy grande, pero bastante decidida, una pequeña sonrisa iluminó su cara justo cuando escuchó a sus espaldas a la mujer que vivía en el primero, lo había olvidado:
-Pero… ¿qué ocurre?, ¿qué hace usted en…?
Fue tan rápida que ni siquiera ella se dio cuenta, y antes de reaccionar ya le había clavado en el cuello el destornillador. No muy fuerte, pero lo justo y con la suficiente suerte de acertar en el lugar adecuado y un chorro de sangre saltó en dirección a la puerta abierta del piso de la anciana, y cayendo esparcido sobre las losas del suelo, le dio el empujón que le faltaba. Arrastró a la anciana hacia su piso mientras las llamas tomaban fuerza afuera, empujó la puerta y casi se muere del susto: Esos horribles pisos de las viejas -pensó- llenos de horteridades y adornitos salpicados por todas partes. En un mueblecito oscuro en la entrada, delante de un enorme espejo, había una cabeza de pavo real disecada, con cuello y todo, y de la parte inferior salía la enorme cola que se abría y extendía delante del espejo, por supuesto, el resto de la superficie del mueblecito estaba salpicado de baratijas varias y cajitas, una bastante grande; la abrió, y estaba llena de piedras, piedras grises y romas como las que se encuentran cerca de los ríos. Olvidó la cajita y ese montón de plumas que le asfixiaban la vista y dejó a la anciana tumbada en medio de la entrada.
Subió las asas de su bolso al hombro, bien colocadas, preparada para la retirada, y cogió la cabeza de aquel horrible pavo real con la intención de arrojarla sobre la anciana; las plumas secas prenderían bien, quería irse a casa e irse ya, y esperar… Pero se quedó con la cabeza y el cuello en la mano, la enorme cola seguía en la repisa, mostrando sus hermosas plumas muertas, así que arrojó la cabeza al suelo, y cuando acercó la mano a la cola del ave, las plumas se movieron, se abrieron más… mostrando toda su macabra belleza ante los atónitos ojos de la asesina, de la pirómana, y de la parte inferior surgió una mano vieja y arrugada como si despertase de un sueño, muy lentamente; pequeñas plumas nacían desde la misma muñeca de aquella grotesca visión y se extendían altas en movimiento, y en el dedo índice un gran anillo de plata con una especie de incrustación de madreperla en el centro en los mismos tonos que el centro de la terminación de las largas plumas. La madreperla se abrió, como un párpado… y la miró.
Un enorme ojo gris y anciano que pasó inmediatamente del ensueño a la más viva consciencia con gesto de asombro, se tensó enfadado… Y el exótico ejemplar se abalanzó de un salto sobre el pecho de la mujer. Dio dos pasos atrás, trastabilló, y cayó de espaldas cerrando por completo la puerta; perdió el bolso y se abrió su abrigo, pataleaba junto al cadáver de la anciana mientras se intentaba deshacer de aquella especie de quimera extraña que la arañaba el pecho con sus largas uñas, mientras el ojo en el anillo la miraba con expresión de odio y de furia. Las plumas se movían nerviosas, algunas salieron despedidas en el ataque, tan largas eran que la cubrían hasta más debajo de las rodillas intentando envolverla; logró subir, se asió a su cuello arañando, sintió la sangre rodear su cuello en finos hilos mientras gritaba y una cortina de humo empezó a pasar por debajo de la puerta, y enseguida, pequeñas llamas -¡el bote de alcohol- pensó.
El bote de alcohol, abierto en el suelo del portal había sido alcanzado por las llamas y se escuchó una pequeña deflagración, al instante unos gritos que provenían de arriba; abajo, con una mueca entre horror y desconcierto consiguió liberarse de aquella mano que fue a parar al espejo provocando una enorme grieta que lo dividió instantáneamente en dos partes iguales. Logró recomponerse en menos de un segundo, y aún de rodillas, asió el pomo de la puerta con una mano mientras con la otra aferraba el bolso por las asas. Sintió una presión en su tobillo derecho y las uñas se iban clavando pantorrilla arriba mientras que las plumas de nuevo la iban envolviendo, la cola se abría y cerraba, podía oír perfectamente el sonido de los coletazos a sus espaldas… tragó humo, tosió, y entonces escuchó el sonido; así cantaba aquello, igual que un ave como a la que pertenecía aquella cola, como cantan al atardecer.
Incluso los vecinos de arriba pudieron escuchar el canto del ave y los gritos de la mujer, el fuego se expandió tan deprisa que cuando llegaron los bomberos no hubo mucho que hacer, las llamas prácticamente devoraban el edificio de tres plantas, dos edificios colindantes fueron evacuados, y cuando de madrugada se pudo acceder al bloque, sólo se encontraron seis cadáveres calcinados en medio de las ruinas, y en el patio, una pila de agua para lavar la ropa, un viejo florero desconchado, y una hermosa cola llena plumas de pavo real que salía del florero y se apoyaba en la pared, llena de humo.
¡Qué cosas más raras tienen algunas viejas en casa!

lunes, 30 de agosto de 2010

El hombre gris


Érase una vez, un hombre que de golpe se dio cuenta de su poca importancia. Fue consciente de sí mismo y se volvió gris al conocerse. Compró una gran caja de cartón y en ella metió todas sus desilusiones, eran muchas y la caja quedó llena y pesada, bajó los ojos al verla y lloró; en el garaje de casa la dejó en un rincón para no tenerla cerca.
Quiso hacer lo mismo con sus sueños y con una caja de zapatos vacía le bastó, hacía mucho que no soñaba, y guardando la caja junto a la otra recordó que una vez quería enamorarse, pero era tan pequeño que eso ya no lo creía, y ese sueño quedó en el garaje con los otros. Llenó una gran pecera con las lágrimas caídas, pero no pudo recuperarlas todas…Eran tantas, que algunas hacía años que llegaron al mar. Él no sabía que algunas incluso habían llovido en países extranjeros, sobre montañas y valles lejanos y desconocidos, sobre personas de colores que reían y soñaban, mojando la tierra y volviendo al mar.
Cosiendo sus desengaños se hizo una colcha, porque ya casi era Invierno y empezaba a hacer frío, tenía muchos que coser, haría una gran colcha, pero comprendió al final que los desengaños no calientan, y la colcha fue fría, e inútil contra el Invierno, acabó también arrinconada en el garaje.
Pensó sentado un día que jamás había plantado un árbol, que mirar con orgullo viendo flor y fruto agradecidos a su existencia, por darle vida y cuidarlo, y estuvo muy triste, y como no tenía gato ni perro nada se acercó acariciando su pierna, pidiendo mimos a cambio de cariño y compañía, así que volvió a entrar en casa y se durmió, aunque no tenía ganas de dormir.
Se despertó, aunque no tenía ganas de despertar y fue a trabajar. Supo de camino que no estaba contento porque no tenía un trabajo que le gustase, simplemente tenía el trabajo que le había salido, y se había unido a él por tantos años. Se le hizo muy pesado el día y largo el trabajo. Era repetitivo y no lo consoló, y cuando volvió a casa cenó algo que no le apetecía mucho en concreto, pero que tenía en casa.
Limpió su casa, pero la soledad, como el polvo, siempre reaparecía llenándolo todo de tedio y de sombras, y no hubo manera de quitarla de los muebles y el suelo, y el sol se fue de nuevo sin despedirse porque no importó que fuese día, ni noche. El viento entró por sus ventanas abiertas aquella noche, pero no le dijo nada, y no se paró a leer porque nunca descubrió si le gustaba, y allí en la cama, en su casa, siguió consciente de su poca importancia; y supo que no era nada, y nada y tan poco fue al fin y al cabo, que dejó de existir mientras dormía.

jueves, 19 de agosto de 2010

La solitaria tumba de Katherina Blom


Si volviese a ver su casa, no reconocería lo que fue su hogar, en Alemania, después de haber caído durante el estruendo de la primera guerra mundial, 30 años después de su muerte, y herido gravemente en la segunda gran guerra. No existe ya aquella casa de la que no quedaron más que los cimientos y un banco de piedra en el jardín, ni del original bloque de ladrillo rojo que hubo que demoler entero años más tarde para volver a construir un moderno bloque gris y acristalado tras la segunda guerra, en donde hoy se asientan una serie de oficinas que prestan servicios muy diversos.
En su fría tumba, perdida a las afueras, hoy el alma se remueve inquieta. Ni la losa de piedra que la cubre es ya visible, más de una cuarta de tierra la esconde, y hierbas y arbustos. Un paseante se halla sentado justo encima anudándose un zapato y descansando, con sus huesos no muy lejos de una inscripción que reza :
Katherina Blom
1863-1885
Hija nuestra, hermana, descansa en paz
Pues ahora su cuerpo pertenece a la tierra, lo único que el hombre conoce con certeza; pues a quién o qué pertenece su alma, eso con absoluta certeza nadie lo ha sabido nunca, escriban lo que escriban.
En la casa donde nació, que ya no existe, tomó forma la persona que fue, y quedó la sombra de quien sería, allí amó a sus padres y comenzó a enamorarse un día; allí leyó muchos libros y aprendió todo lo necesario para saber llevar una casa, pues nada más importante se le exigiría como mujer que era, y justo allí no llegó a conocer si algo más le faltaría, y si llevar una casa y atender una familia, llenaría su existencia sin envidiar la de un hombre. En aquella casa no llegó a luchar contra las costumbres de su tiempo, y contra el machismo de una época pronta a desaparecer bajo las nubes de las guerras… y del tiempo. Allí no tuvo hijos ni decidió casarse, ni allí volvió a desayunar después del 9 de Febrero de 1885, en cuya tarde murió.
Yo no sé cómo murió, ni cómo sé lo que sé; pero hoy la he sentido en su tumba, y he recordado a alguien que jamás he conocido, la he visto leyendo una carta en aquel banco de piedra del jardín de su casa paterna, entretenida, y levantarse y entrar tranquila entre las sombras del mediodía con la carta en una mano y nada en la otra; y ser querida y feliz y no quejarse mucho, y soñar y hacer…
Hoy nadie conoce su tumba ni recuerda, ni sabe, que vivió.

sábado, 7 de agosto de 2010

MAMÁ



Tierra adentro hay una encina, es el sur, allí en la sierra donde nací, donde crecí soñando con el mar, sin ver la tierra, soñando con las algas sin mirar las jaras, pensando en los puertos sin querer el olivar, sintiéndolo mío, cosido a mi destino, rechazándolo dulcemente a favor del mar, echando en falta a mi madre mientras dormía en la habitación de al lado, queriéndome, soñando con mi bienestar.
Mamá, hoy puedo decirte que me he ido, que no sé si volveré mañana, dentro de 10 años más, o nunca, porque no sé muy bien qué es lo que quiero, ¿qué hay de esa inseguridad de los 17 años?, nos habeis engañado, queridos padres, nunca nos dijisteis que esa inseguridad no se va con la infancia ni con los años, que vosotros también teneis miedo, que a veces tampoco sabeis lo que quereis, cómo ser felices, cómo dormir bien lejos del miedo; y nunca nos dijisteis que estais frustrados, a veces, que no habeis realizado éste sueño, que habeis olvidado el otro que tuvisteis un día… Y yo crei que eso acabaría, que la edad me traería nuevas sensaciones, pero no que acabaría acostumbrándome a ellas y a pasarlas por alto de cuando en cuando centrado en todas las trivialidades diarias, a veces, y a veces no.
Podías habérmelo dicho, mamá, podías haber sido sincera contigo misma y conmigo, con mi hermana y con papá, y miraros a los ojos y confesaros que aún sentís miedo, que os falta algo,que eso es así, intentar uno apoyado en el otro seguir moviéndose, seguir soñando e intentar, poco a poco, cumplir un viejo sueño, y verme correr y afrontar lo mismo, volando, amando, añorando, confiando y temiendo que todo sigue igual mientras que cambia, confesar que a veces hay que conformarse. Aceptar el sufrimiento y aprovechar la felicidad conforme lleguen.
Tengo miedo a veces, mamá, me siento muy pequeño, y es de noche y en mi cuarto está muy oscuro, tengo sed, mi cama es inmensa y debajo hay algo malo, hay un gran cocodrilo que espera verme saltar al suelo sediento, camino de la cocina a por agua… Y te llamo, y entonces se abre la puerta, y como una extraña virgen mágica entras tú, rodeada de luz, con un vaso en la mano, acercándote a mi cama sin reparar en ese inmenso monstruo que se halla debajo, y entonces ya no existe y yo bebo, y me besas, y te vas, mamá.
Quiero despertarme y jugar de nuevo, descubrir cosas y soñar, cumplir pequeños objetivos e imaginar cómo es aquello que aún tan lejos me queda, mi futuro.
¿Hoy lloro porque estoy contento?, no estoy seguro, a veces no sé exactamente quién soy, y mi nombre se me hace extraño al pronunciarlo, no lo reconozco, ni apenas mis propios recuerdos, mis manos, mi rostro al acercarme a un espejo… Y el tuyo al mirarte con cariño, y al reparar en cómo, poco a poco, te estás haciendo vieja, alejándote de mí mientras te sigo, tímido, queriendo detener tu muerte y mi destino, mamá.

lunes, 5 de julio de 2010

EL CARRO DE LA MUERTE

En un sueño corrió el camino, andó tranquilo y a veces aceleró hasta la carrera, los páramos que lo rodeaban eran dorados y oscuros, ocres, y a lo lejos los árboles eran sombras plomizas que rodeaban cuevas negras y oscuras que se formaban entre sus troncos y daban sombras imposibles de penetrar con la mirada. Una muchacha que vestía de blanco y llevaba una pequeña maleta y un paraguas oscuro, a lo lejos, entró en la arboleda y se perdió en la sombra, se escuchaba llorar aún desde lejos, una chica errante con el cabello largo; y estaba oscureciendo alrededor. Sintió el hombre un vehículo a lo lejos, cascos de caballos y relinchos, y una sombra oscura que a lo lejos atravesaba el paisaje centrado en el camino, rápido como el miedo, y presa del miedo también, el hombre echó a correr, abandonando el camino, a través del páramo; y tenía miedo, porque por donde pasaba el carro iba quedando una estela de sombra que ni era oscuridad, ni humo, ni polvo; porque el carro iba sembrando olvido allá por donde pasaba. Y fue tan rápido como el tiempo, y fue tan lento nuestro hombre que no pudo darse prisa ni aún corriendo, porque el carro lo alcanzaba todo como lo alcanza el sol cuando se alza en el cielo, y cientos de manos grises se desprendieron del carro agarrándolo por brazos, cintura, cuello… Y fue subido y sentado entre las sombras que dentro viajaban como un condenado. No pudo volverse a levantar, ni a reir, ni a soñar, porque tenía miedo, porque no sabía nada y porque el carro no dejaba de viajar, jamás, ni hubo agua, ni sal, ni compañía, porque las sombras repletas de ojos y de manos grises no acompañaban con su incorpórea presencia, y el miedo no tuvo fin, porque lo causa lo desconocido, y no hubo hambre ni amor, sólo viaje, y tiempo que no era tiempo, mientras el carro siguió sin dejar huella, atravesando los páramos sin detenerse, nunca, y un hombre no volvió a ponerse en pie, jamás. Y siguió sintiendo miedo y frío, y pensando sin pensar ni dormir, ni despertar.